• POR Carlos García-Alix

    5 Septiembre 2015

    El Clandes me espera de anochecida en la puerta del Bar Rubí. Otras veces quedamos en la galería del Montija y otras en la taberna leonesa de la calle Castilla. Él siempre llega primero y aprovecha para echar un ojo por los alrededores. Las medidas de seguridad se las toma muy en serio y a menudo nos da la matraca en las reuniones de la célula con este asunto. Nos acusa de irresponsables, aventureros y liquidacionistas. Por eso le ha caído el mote del Clandes, pero a él, aunque lo sabe, jamás le llamamos así. Utilizamos su nombre de guerra, que es Luis.

    POR Sergio del Molino

    4 Septiembre 2015

    No me gusta empezar los textos con una fecha, así que pido disculpas y les ruego que aguanten un poco la lectura, pues enseguida entenderán adónde quiero ir. Este no es un artículo sobre historia. El 4 de febrero de 1916, unas 60.000 personas cruzaron el río Campo en su desembocadura desde la orilla de Camerún hasta el puesto fronterizo de la guardia civil en el que entonces era el lado español. Encabezados por unos ochocientos alemanes blancos, esos 60.000 cameruneses venían de caminar más de trescientos kilómetros a través de la selva. Les perseguían tropas inglesas y francesas que habían conquistado toda la colonia alemana de Camerún. Huían hacia el sur, hacia la Guinea Española (hoy, Guinea Ecuatorial), buscando refugio. Se identificaron como súbditos del káiser Guillermo y pidieron formalmente el amparo del Estado español. Entregaron las armas en la frontera y, según la legislación internacional, se convirtieron en internados bajo la tutela del gobierno de España. Los alemanes fueron trasladados a la península. Los cameruneses que no quisieron volver a su país (porque temían por su vida), se quedaron en Guinea. Fueron la mayoría. La España

    POR Luigi Amara

    3 Septiembre 2015

    Un museo es una tentativa de orden, una lista provisional para representar el mundo, un microcosmos y, a la vez, un espejo. Para reflejarnos en él es necesario que lo recorramos, que nuestro cuerpo se convierta en el hilo que une y da sentido a la heterogeneidad. Lo decisivo tal vez no sea el museo en sí, sino la experiencia de cruzar un umbral: la sensación de ingresar a un territorio hechizado. El museo nos acerca al arte bajo la condición de que guardemos una reverente distancia. Las aureolas de las vírgenes y los ángeles bien pudieron esfumarse de la superficie de la tela, pero no desaparecieron del todo de la sala de exposiciones. Todavía delimitan el radio, el perímetro alrededor de las obras, instaurando esa “lejanía inaproximable” de la que hablaba Walter Benjamin. El museo también controla y condiciona las reacciones del espectador. No abucheos ni aplausos, mucho menos danzas de euforia; sí bostezos, fotos sin flash y desmayos. Desde luego “tocar” está proscrito, no sólo porque amenace la integridad de la obra, sino fundamentalmente porque se borra la distancia: tocar

    POR Palomitas en los ojos

    2 Septiembre 2015

    Este horrible verano donde la bilis ha ido subiendo y bajando de nuestros hígados de vertebradas por culpa de los constantes asesinatos machistas ha ocurrido un hecho que puede parecer banal pero sobre el que creo que merecería la pena que pensáramos juntas: una twittera ha dejado el Twitter. Este acontecimiento no sólo es destacable porque está relacionado con el clima de violencia contra las mujeres que estamos viviendo sino también por la importancia y la posición de ese personaje, la Filósofa Frívola, dentro de ese canal. Para las que nunca han transitado los pasillos comerciales, los vertederos o las tertulias de las redes sociales y sólo conocen Twitter por el Ministro de Interior, la Filósofa Frívola era lo que se conocía como una “tweetstar”, un anglicismo horroroso para señalar a una persona con muchos seguidores. La Filósofa Frívola era y es desde luego muchas cosas más: escritora, humorista, activista… pero eso poco importa para hablar de cómo desató la ira de la turba y cómo fue linchada virtualmente. Y esta omisión no pretende menospreciar su valía en estos terrenos –yo siempre he preferido cuando escribía más de 140 caracteres– sino

    • Enteógenos
    • Enteogenos
      En la zona
      Enteógenos
      Alejo Alberdi, Héctor Márquez, Carlos Suárez
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      Fiesta patronal
      Chico-Trópico
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      Gerardo Cartón
    • Lugares sagrados
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      Nadia Arroyo
    • En las encrucijadas
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      David Prieto
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      Música italiana de los años 60 y 70
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