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La última palabra de Darth Vader

Auge, olvido y redención del actor David Prowse
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Darth Vader se vale de unas muletas para desplazarse dificultosamente por el pasillo del cine Verdi de Madrid. Es todo un octogenario; ha llovido ya bastante desde el pequeño desencuentro que tuvo con su hijo Luke. Hay que decir que esa lluvia también ha ido dejando ciertas lagunas en su memoria. En persona, sin su icónica máscara, resulta un señor bastante majo y accesible que se hace llamar David Prowse. Un gigante gentil y encorvado, con cierto callo en la mano de firmar autógrafos en convenciones de La guerra de las galaxias. “La guerra de las galaxias”; ya nadie dice eso. Como aquel grupo de los 80, “La Liga Humana”. Pero vayamos al grano, el título del documental que presenta es de ahora, y no está traducido: I am your father. En la vida real, o dejémoslo en esta, Prowse no es el padre de Luke Skywalker, pero sí de Darth Vader, el villano más reconocible de todos los tiempos. Sin embargo, a Prowse sólo le conocen los seguidores más acérrimos de Star Wars. Ni la voz de Darth —que corresponde a James Earl Jones— ni su rostro —que es el de Sebastian Shaw— le pertenecen. Y esa paradoja es el músculo que mueve este documental dirigido por Toni Bestard y Marcos Cabotá. 

En la pequeña casa del municipio londinense de Croydon, donde Prowse tiene su residencia, pueden encontrarse algunos trofeos de halterofilia. 1962, leemos en una copa. En aquellos años 60, tras abandonar su carrera como jugador de rugby por una aparatosa lesión, era un veinteañero de dos metros de altura que ofrecía una estampa bien distintiva. “Pensé en presentarme al concurso de Míster Universo, pero tengo unos pies horribles, llenos de juanetes”, comenta Prowse en la conversación que mantenemos tras la película. Ciertamente, su acento working class de Bristol no es lo que uno imaginaría como la voz del mayor opresor de la galaxia. Los juanetes le humanizan, eso sí. Pol Pot con juanetes. Visualízalo. 

Hizo varias incursiones en el cine. Casi todas ellas como monstruo tras una máscara o bajo una espesa capa de maquillaje que ocultaba su rudo rostro de estibador o de boxeador de la era Rocky Marciano. Casino Royale (1967) y The horror of Frankenstein (1970) son dos de sus primeras películas; en ellas se metió en el pellejo parcheado del monstruo que encarnó Boris Karloff. “La primera vez que me sentí actor fue en La naranja mecánica”, prácticamente el único papel en el que vemos su rostro. Hacía de Julian, un guardaespaldas del protagonista. “Tenía que llevar a un anciano en una silla de ruedas a cuestas por varios tramos de escaleras, así que le dije a Stanley: ‘Te llaman Kubrick-una-toma, ¿no?’. Se rió, y al final sólo tuvimos que repetir la escena dos o tres veces”, cuenta acerca del perfeccionista director británico.

George Lucas, al verle en aquella película, supo que el colosal Prowse era su hombre. De hecho, la armadura de Darth Vader está hecha a medida del inglés. También es obra de éste toda la gestualidad del tirano intergaláctico y sus andares imperiales. “Me dieron el guión y tuve que inventármelo todo”, explica. No era un actor del Método que se dijera, por lo que tiró de intuición como brújula. Sin embargo, algo se torció.

Lo que iba a ser su consagración en el mundo del cine se truncó a partir de algunas declaraciones que hizo en prensa que contribuyeron a que se labrara una imagen de bocazas (en el año 77, cuando se estrenó Star Wars, aún no se había inventado el hoy ubicuo y cansino término spoiler). La brecha entre Lucas y él se fue agrandando hasta que, antes del estreno de la última película de la trilogía, alguien filtró el chivatazo definitivo al Daily Mail: Darth Vader moría. Y el muerto se lo colgaron a Prowse, si bien el periodista autor de la noticia lo desmentiría décadas después. Demasiado tarde: a Prowse le vetarían el acceso al rodaje de la escena en la que el personaje que había contribuido a crear moría. Sebastian Shaw le suplantó en el momento crítico en que Luke Skywalker retira la máscara a su padre agonizante. La verdad de todo el asunto quizá ya da un poco igual. Quién sabe quién inició las hostilidades que antecedieron al agrio divorcio. “Lo que nos sorprende son estos cuarenta años de hostilidades entre un gran conglomerado de entretenimiento como es Lucasfilm y un actor secundario como él”, reflexionan Bestard y Cabotá.

“Digamos que las responsabilidades se reparten al 50%”, sopesa en el documental Robert Watts, un octogenario enclenque y cadavérico que, ahí donde lo ves, produjo Star Wars e Indiana Jones. Cuando le recuerdan la caída en desgracia de Prowse, se encoge de hombros y explica muy de facto que “el cine es un negocio cruel”.

Paradójicamente, en el Reino Unido Prowse es más conocido por su papel de superhéroe cívico: Green Cross Code Man, el protagonista de innumerables anuncios de educación vial en los que el gigante aleccionaba a niños incautos que se atrevían a cruzar la calle sin mirar. De hecho, en el año 2000 la Reina le otorgó un MBE por los servicios prestados en la educación de una generación de niños británicos. La última vez que encarnó el personaje fue en 2014, esta vez en una campaña para evitar disgustos a esos adultos inconscientes que van por la calle con los auriculares puestos o comprobando el timeline de Facebook en su móvil.

Hoy, aquejado de artritis, el que fuera el hombre tras la máscara regenta un gimnasio en Londres y se gana la vida paseando su figura por las convenciones que organizan los fanáticos de Star Wars (por decisión de Lucasfilm, no cuentan con él en las oficiales).

En esta historia no hay grandes héroes ni villanos, simplemente un hombre —puede que algo torpe y poco ducho en los rituales de la industria cinematográfica— arrollado por una de las sagas más taquilleras de la historia. “Las cosas simplemente salieron así, ya es agua pasada”, suspira con un poso de melancolía. De nada sirve buscar al malo de la película. Quien representaba el mal, el lado oscuro de la fuerza, era en realidad un forzudo de feria, un niño al que dejaron fuera del equipo en el último partido. Y todo sucedió en tiempo real, sin grandes tragedias ni enmiendas a la totalidad. Prowse acepta su destino con la irremediable humildad que infunden los años. Siempre será el Darth Vader que nunca vimos. 

Mientras preparaban la película que ayer se estrenaba en Madrid, los directores pensaron volver a filmar la mítica escena en que conocemos el verdadero rostro de Darth Vader: esta vez con Prowse representando el papel. Lucasfilm les negó la autorización para difundirla, pero ellos la rodaron de igual manera. Ese momento de justicia, que ya sólo puede ser poética, apenas queda entrevisto en el documental. Ayer, Prowse pidió expresamente volver a verlo porque ya no recordaba casi nada del reciente rodaje.

Al final de I am your father, a modo de homenaje, vemos una lista de actores entre los cuales figuran Béla Lugosi, Boris Karloff, Robert Englund o Paul Naschy. Todos ellos fueron devorados por sus respectivos monstruos.